lunes, 26 de abril de 2021

Padre Livinius muere a los 23 días de su ordenación rezando la Coronilla de la Divina Misericordia



Un joven sacerdote que muere de leucemia es siempre una historia digna de nota. Pero la historia del P. Livinius Esomchi Nnamani, nigeriano ordenado con especial permiso del Papa el pasado jueves santo, y quien ha muerto de leucemia a la edad de 31 años, es bella en demasía.

23 días pasó en esta tierra como sacerdote de Cristo. Dedicó ese tiempo a ofrecer la misa:

“Su altar fue el lecho, donde pudo unir sus sufrimientos a los de Cristo. Vivió y renovó su Eucaristía de una manera fuerte y visible y esta es una gran lección para todos los sacerdotes”, dijo el P. Davide Carbonaro a un medio local.

“Su don fue de un sacerdocio diferente, pero al mismo tiempo, el mismo que el de todo sacerdote. Su particular unión con el sacrificio de Cristo nos enseña a celebrar con mayor conciencia”, manifestó el P. Carbonaro.

El P. Livinius estudiaba como seminarista en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma, mientras recibía atención médica. Sintiendo que su condición empeoraba aceleradamente, pidió al Papa Francisco que le fuera adelantada su ordenación. El Papa la autorizó para el jueves santo. Era religioso de la Orden de la Madre de Dios, adonde había entrado 10 años antes en Nigeria. Había hecho sus votos perpetuos en septiembre pasado.

Lo ordenó Mons. Daniele Libanori, obispo auxiliar de Roma, en el Hospital Casilino de Medica Group:

“Como sacerdote, te unirás a Jesús para hacer de tu cuerpo una ofrenda agradable a Dios. Nuestro sacerdocio, de hecho, alcanza su punto máximo cuando, junto con el pan y el vino, sabemos ofrecer todo nuestro ser, las cosas que el Señor nos ha dado y nuestra propia vida”, dijo Mons. Libanori en su homilía.

Falleció mientras rezaba la coronilla de la Divina Misericordia, junto a su superior y un joven en discernimiento de vocación.

El gran don del sacerdocio

“He pensado mucho en mi vida sacerdotal: puede que Livinio no haya tenido la oportunidad que tuve de proclamar el Evangelio y servir al pueblo de Dios, pero el Señor lo eligió en este sacerdocio para unirnos con él”, dijo el superior.

“Me hace pensar mucho en rezar y dar gracias por el regalo invaluable que hemos recibido por amor y solo por amor – continuó. Estoy seguro de que su ofrenda, combinada con la de Cristo, hará bien a la Iglesia y a los sacerdotes llamados a enamorarse de su ministerio”.

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