martes, 2 de marzo de 2021

Santa Inés de Bohemia, heredera al trono como reina, pero Dios la quería de monja




Santa Inés de Bohemia nace en Praga en el 1211, hija de rey, sobrina de rey, destinada a ser reina, pero quien prefirió el camino de la religión.

Su padre era el rey Premyls Otakar I, monarca de Bohemia, y su madre era Constancia, hermana del rey de Hungría Andrés I.

Desde muy pequeña se pensó en ella como ficha de matrimonio para alianzas y combinaciones políticas, pero Dios la tenía para otras vocaciones.

A los tres años le fue entregada a la duquesa de Silesia, Santa Eduvigis, en el monasterio de las monjas cisterciences de Trzebnica, quien la introdujo en las maravillas de la fe cristiana. Felices los tiempos en el que una niña santa era educada por una monja santa.

Luego continuó su instrucción, en Praga, a los 6 años, con las monjas premonstratenses de Doksany.

Como había sido prometida en matrimonio a Enrique VII, el hijo del emperador Federico II, fue llevada a la corte del duque de Austria, donde vivió hasta el año 1225. Su educación seguía siendo cuidada con esmero, decían los hombres que para los más altos cargos en el mundo, pero era para importantes fundaciones en la religión.

Se deshace el pacto de matrimonio. Regresa a Praga

Resultó que se rescindió el pacto del matrimonio con el hijo del emperador, y por ello Santa Inés regresa a Praga, donde se dedica a una vida de piedad más intensa y a desarrollar más sus actividades caritativas. Pero le siguen ‘lloviendo’ propuestas de matrimonio; sería una joya como esposa. Pero en el claustro de la meditación y el contacto con Dios, decide finalmente y firmemente consagrarle su virginidad y todo su ser.

Y aunque se la quiso forzar, como ella había pedido protección al Papa Gregorio IX, este hizo valer su autoridad y le obtiene la libertad para que ella se consagrase por entero a Dios.

A través de franciscanos que iban en misión a Praga, conoció la espiritualidad de San Francisco y de Santa Clara. Decide seguir el ejemplo de estos santos, y con sus bienes funda el hospital de San Francisco y el instituto de los Crucíferos para que lo dirijan. Y también funda el monasterio de San Francisco para las “Hermanas Pobres” o “Damianitas”, y allí ella se introduce, en Pentecostés de 1234.

En espíritu de pobreza, obediencia y castidad, da todos los bienes que poseía a los pobres.

Junto con Santa Clara de Asís, elabora una regla de vida, que es finalmente aprobada por la jerarquía, y que ella sigue con toda fidelidad. Es elegida abadesa, función que conservó hasta su muerte, siendo santa también en el ejercicio de este ministerio. Las gentes cada vez más hablaban de la hija del rey, que estaba destinada a reina, y que ahora era monja.

Siempre amó su patria, y usó de sus influencias para beneficiarla. También los Papas pedían de ella sus oraciones, y sus buenos oficios ante los reyes de Bohemia que eran sus familiares.

Muere en su monasterio el 2 de marzo de 1282.

Juan Pablo II la canoniza en 1989.

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