jueves, 9 de abril de 2020

La Gracia tiene su chiste.




La Gracia tiene su chiste

En la entrega anterior, definimos las tres características de un pecado mortal: 1.- creer que la falta es materia grave, 2.- Tener plena conciencia de la gravedad y de la propia libertad, y 3.- Tener pleno consentimiento doloso de la voluntad, con plena certeza de la conciencia consecuente. Dijimos que el pecado mortal quita “la gracia”.

En esta entrega trata un punto esencial en la doctrina cristiana católica, “ …la Gracia es de la mayor importancia, porque siendo en realidad el hecho central de la religión, con ello entenderemos todo lo demás”.[1] En el anterior artículo, “Sanación y Formación de la Conciencia”, escribí que la “gracia”, del latín “gratia” tenía dos acepciones, la primera: Lo que es grato, agradable, gracioso o chistoso; y la segunda: lo que es gratuito en calidad de regalo, don u obsequio.

En la primera acepción la gracia implica ser grato. La gracia es un derecho humano, por aspirar a la dignidad personal. El postulado filosófico del “Eudemonismo Aristotélico”, así como el fin de la ética y de la moral es justamente la felicidad del Hombre, el cual con su conciencia limpia se siente digno, y capaz de ser grato a los demás, aceptado y amado. Con buena autoestima,  y desde su amor propio, también es capaz de compartir y brindar amor a los demás.
Dios juzga los pecados como nosotros mismos los vemos en la conciencia. Así, podemos entender el “estado de gracia” como la ausencia de pecado mortal en nuestra conciencia, por ello la gracia nos permite sentir inocencia. Haber sido absueltos de las faltas y cumplir la penitencia completa, es decir, haber reparado los daños, nos otorga nuevamente la dignidad para entablar una relación con Dios. Por lo tanto, estar en gracia significa ser gratos a Dios y agradamos a nosotros mismos, sin reprocharnos nada grave y libres de resentimientos con uno mismo.
La salud psicológica reclama autoestima, un buen auto concepto, autoafirmación, dominio de sí y auto aceptación, por lo tanto estos son términos equivalentes o concordantes con la gracia. La validez universal de la gracia entendida desde la filosofía o desde la ciencia tiene vigencia actual a la par del dogma religioso. No se contradicen, son complementarios.

Siguiendo la segunda acepción, las comunidades católica internacional, ortodoxa y maronita definen la gracia como un “don”, un regalo de Dios, quien obra mediante el sacerdote o el ministro para realizar el favor, otorgar un beneficio o dar un obsequio. Las gracias pueden ser: Santificante, habitual, actual, sacramental o los carismas.

Qué es la Gracia Santificante
·           Es un don sobre la disposición estable del alma. La gracia es la inhabitación de Dios Espíritu Santo en el alma, quien nos hace templos vivos suyos (1ª. Corintios 3:16, Romanos 8:11). El Espíritu Santo confiere 7 dones: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de (ofender a) Dios. (Isaías 11: 2)
·           Restaura la semejanza con Dios, pues fuimos creados a su imagen y semejanza (Génesis 1:26).
·           Nos hace renacer a la vida nueva. Jesús habló a Nicodemo sobre esta vida nueva. (Juan 3: 4-6), nos prepara para la vida eterna.
·           Nos da la filiación divina, Dios nos hace sus hijos adoptivos (Gálatas 4:6). Rom_8:14: “En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.”
·           Al hacernos hijos de Dios, nos hace hermanos de Jesucristo, (1ª Juan 3:1),
·           e hijos adoptivos de María de Nazareth, quien según Lucas 1:28, es la “llena de gracia”. Se entienden ambas acepciones tanto plena de dones (Del lat. gratia plena), y también completamente grata a Dios. Se entiende su conciencia pura y limpia, por ello la Virgen recibe los títulos de Inmaculada y Santísima. 
·           Al hacernos hijos de María, somos del linaje de la mujer[2], y no de la serpiente. Siendo María de la casa real, pertenecemos a la realeza celestial, y por lo tanto, nos hace coherederos del reino de los cielos (Mateo 25: 34).
·           La gracia santificante nos “santifica”, nos hace “santos” y nos incorpora a la iglesia, que es “una, santa, católica y apostólica”; (según establece el texto del Credo Niceno Constantinopolitano acorde con el pleno de los concilios de Nicea I en el año 325 y el 1er. Concilio de Constantinopla del año 381). Pertenecer a la iglesia implica:
o   Una: Nos dispone a vivir en una única común-unión,
o   Santa: Un santo no es quien hace milagros. A veces algunos hacen tonterías por ignorancia “de buena fe”. San Agustín, escribe en “La Ciudad de Dios” la sentencia: “Todo poder proviene de Dios”. Entre líneas establece lo que explícitamente se lee desde la Suma Teológica de Santo Tomás hasta diversos catecismos, el No. 956 del Nuevo Catecismo y muchas páginas oficiales esta declaración católica: Sólo Dios hace milagros, ni la Virgen, ni los ángeles, ni los hombres hacen milagros; ellos por su oración interceden y pueden alcanzar de Dios ciertos favores. Un Santo es quien vive haciendo el bien con una conciencia limpia y está usualmente en “estado de gracia”. (cf. Levítico 19:1, Efesios 1:3-10), y por eso Dios le escucha.
o   Católica: del Griego "kath'holon" que significa holística, "de acuerdo con el todo", "universal". Esta universalidad se refiere a tres sentidos: a).- Cristo mando predicar el evangelio “ a toda creatura” (Mt. 16 15), y está esparcida en todo el mundo,  b).- La Iglesia es católica porque “enseña en plenitud toda la doctrina que los hombres deben conocer; trae a todos los hombres a la obediencia religiosa; es la cura universal para el pecado y posee todas las virtudes” (Catechesis 18:23), es decir, adopta todos los valores universalmente aceptados en todo el mundo, que éticamente dignifican y perfeccionan al ser humano, y  c).- Según Santo Tomás de Aquino, además de las anteriores, tiene universalidad y vigencia temporal, por todos los siglos, que a su vez se basa en Mateo 28:20 “y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."
o   Apostólica: Los “apóstoles” son profetas y testigos que “cargan su cruz de cada día”, y predican con testimonio de obras y palabras.

La doctrina nos da una imagen distinta de la verdadera identidad de la iglesia. Nadie puede presumir de pertenecer a la iglesia si no comulga y vive en comunión con su comunidad, si no está en gracia, si no practica valores universales en cualquier parte y si no participa activamente en un apostolado. Lo anterior tiene su chiste, es difícil: da flojera y miedo, por eso se requiere la gracia.

Perdimos la gracia en el pecado original. Salmo 51: 7 “Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre.” El bautismo restaura la gracia y nos hace hijos de Dios para siempre. Se dice de este sacramento, así como de la confirmación y el orden sacerdotal, que “imprimen carácter” porque otorgan un sello indeleble en el alma, para la eternidad, y como el estatus no se pierde, por tanto sólo se pueden recibir una sola vez.
La filiación de hijos de Dios no se pierde por el pecado mortal. Aún en el infierno se distinguen los sellos del bautismo, la confirmación y del sacerdocio, pero el pecado “mortal”, es llamado así porque mata y rechaza los dones de Dios como la herencia del reino, o sea, al cometer un pecado mortal uno mismo renuncia al cielo.
En términos legales, el pecado mortal equivale a un delito penal infinito porque se comete contra una autoridad infinita: Dios. Esta culpa infinita implica un castigo infinito con diversos nombres: El infierno, orco, abismo, averno, báratro, el sheol, el tártaro, la gehena… los teólogos dicen que este castigo infinito implica: 1.- La pena de sentido, (el sufrimiento en el infierno que causa el fuego inextinguible y el odio de los demonios), 2.- la pena de daño (privación de Dios y con Él de cualquier bienestar), 3.- un remordimiento incesante cuyo susurro corroe “Era tan fácil salvarme, tuve tantas oportunidades, y por estos pecados ahora estoy aquí…”; mas 4.- la desesperación causada por la eternidad de las penas, sin escapatoria posible jamás.

Otros tipos de “Gracia” desde la acepción de don o dádiva:

La Gracia Habitual: En estado de gracia, el Espíritu Santo habita en nosotros como Templos vivos. 2ª Cor. 6:16 “¿Qué conformidad entre el templo de Dios y el de los ídolos? Porque nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: Habitaré en medio de ellos y caminaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”

La Gracia Actual: Es un auxilio divino específico para momentos difíciles: conversión, tentaciones o dificultades.

La Gracia actual: es la ayuda temporal de Dios a un hombre, para ayudarlo en una situación, cuando las necesitamos, especialmente cuando estamos bajo tentaciones. Se otorga fundamentalmente al pedirla en oración. Este don es interno e ilumina la inteligencia para discernir entre el bien y el mal) y fortalece la voluntad. Tenemos la libertad de acogerla o rechazarla, como con todos los regalos.

Gracias sacramentales: Son virtudes, regalos, dones o ayudas propias de cada sacramento. Cada sacramento sirve para algo, y por ello, cada sacramento conlleva un don específico: 
Bautismo: Nos hace ser hijos de Dios.
Confirmación: Nos da fuerza para vivir la fe y constancia en el apostolado.
Eucaristía: Lleva el don de la caridad: Amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos.
Penitencia: La gracia de hacer un buen examen de conciencia invocando al Espíritu Santo consisten en el don del arrepentimiento, esencial para el acto de contrición, valor para enmendarse y un auxilio para no volver a caer en el pecado. La absolución restaura la gracia santificante perdida por el pecado mortal.
Unción de los enfermos: Este sacramento lleva el regalo de aceptar la enfermedad, borra algunas secuelas o rastros de los pecados y prepara el alma para una muerte cerca de Dios.
Orden Sacerdotal: Les confiere sabiduría y fuerza para dedicar su vida al servicio, predicar el Evangelio y administrar los sacramentos.
Matrimonio: A los esposos da la virtud de la fidelidad, la gracia de amarse “hasta que la muerte los separe” y de ser mejores padres.

Carismas o gracias de estado: Son regalos vinculados con el “Carisma”. El carisma se refiere a una misión específica y también a las virtudes, valores o dones necesarios para llevarla a cabo. El carisma está ligado a la vocación personal. Efe 4: 7 “A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones de Cristo”. Son gracias o dones gratuitos especiales otorgados por Dios a las personas para beneficio de todos, (uno mismo, la familia, la comunidad y la sociedad); y tienen como finalidad el servicio en un apostolado o actividad específica. Nacemos con dones, o según la necesidad y los gustos podemos requerirlos, y ellos definen nuestra vocación, por ejemplo un violinista virtuoso o un cantante privilegiado; hay personas aptas para estudiar y ser grandes académicos o científicos, otros están llamados a ser buenos políticos, artesanos, hay sacerdotes con dones especiales para la predicación del Evangelio, y otros son buenos confesores.  etc.

Muchas de estas gracias NO SON REGALOS “ACABADOS”. Hay excepciones, ciertamente, mas en la mayoría de los casos estos dones son como semillas: Hay que trabajar y cultivarlas con esfuerzo para que germinen, crezcan, maduren y finalmente den frutos. La Virgen María es la “llena de Gracia”, porque tuvo básicamente una vida de servicio como la “Esclava del Señor”.
La mayoría de nosotros exige milagros instantáneos y sin trabajo de nosotros, pero si no son necesarios, Dios no los concede. Incluso despreciamos a Dios porque pedimos pan y nos regala semillas para sembrar. Muy frecuentemente le tiramos las semillas en la cara. Quien comprende el regalo recibido de Dios siembra la semilla, cosecha la semilla, hace harina y la guarda en el granero, y tiene en sí mismo una fuente de pan inagotable. (Fuentes de agua viva). Por el contrario, sin fe ni empeño no hay frutos, y como buenos “inmaduros en la fe”, nos quejamos como niños.
De allí la importancia de la oración, la fe y las obras. Sin obras no hay fe, sin fe nadie hace oración. Además no sabemos pedir. Se pide en Nombre de Jesús, y se pide al Espíritu Santo. Recibimos más cuando estamos en gracia. Dice la Escritura: Luc 11: 9 – 13:   "Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!". Por eso los santos, los ángeles y la Virgen alcanzan de Dios los milagros.
En la próxima entrega, abordaré el tema de los sacramentos. Y trataré de explicar por qué a veces no nos sirven para nada, qué se requiere para que funcionan y cómo sacarles provecho.

Autor: Carlos Enrique Arias Vera.


[1] Herrasti S.M., R.P. Pedro (Ed.). (1992). La Gracia (Vols. 165). México, D. F.: Sociedad E.V.C. Arzobispado de México.
[2] cf. (Nueva Biblia de Jerusalén) Gén 3:14-15 “Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente:  "Por haber hecho esto,  maldita seas entre todas las bestias  y entre todos los animales del campo.  Sobre tu vientre caminarás,  y polvo comerás  todos los días de tu vida. Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje:  él te pisará la cabeza  mientras acechas tú su calcañar."


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