sábado, 11 de enero de 2020

¿Sabías que la Iglesia enseña que también existen un bautismo de sangre y un bautismo de deseo?


¿SABÍAS QUE LA IGLESIA ENSEÑA QUE TAMBIÉN EXISTEN UN BAUTISMO DE SANGRE Y UN BAUTISMO DE DESEO? 

Es cierto que uno de los requisitos para estar a lado de Cristo es el ser bautizados en agua y en Espíritu. Pero hay muchos que por diferentes circunstancias no pueden hacerlo. 

Algunas denominaciones seudocristianas afirman que el bautismo no es importante para revestirse de Cristo y Salvarse.. 

Ellos citan el texto del Evangelio de San Lucas dónde Jesús le promete al malechor que estaría con el en su Reino. Y dicen ellos que el malechor no tuvo necesidad de ser bautizado para ser salvó o revestirse de Cristo. 

Aquí la diferencia es que el malhechor conoció a Cristo y su mensaje, y fue precisamente en el momento del Sacrificio de Nuestro Salvador. 

¿Cómo es que entra el malhechor a la gloria celestial? Veamos. 

“Bautismo de sangre y de deseo” 

En la primitiva Iglesia hubo algunas personas que se convertían a Cristo pero no tuvieron tiempo de ser bautizados, los llevaron a los circos romanos y fueron ejecutados. Pero estos cristianos al no poder ser bautizados en agua, su bautismo fue de deseo, pues ellos deseaban ser bautizados, pero las circunstancias no los dejaron hacerlo. Aparte con su martirio por dar testimonio de Jesús (Apo 6,9; 20,4) recibieron el bautismo de sangre. 

Pues quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre como el de deseo, produce los frutos del Bautismo. 

A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo explícito de recibir el Bautismo, unido al arrepentimiento de sus pecados y a la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el bautismo. 



Ahora, hay casos de personas en el planeta Tierra que no conocieron a Cristo y su mensaje del Reino y de salvación. ¿Que pasa con estás personas?. 

Cristo murió por todos y la vocación última del hombre es realmente una sola, es decir, la vocación divina. En consecuencia, él Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio. Todo hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad. 

Algunas denominaciones (cómo los Testigos de Jehová por ejemplo) dicen que hay gente que no conoció el mensaje del reino y por lógica, nunca fueron bautizados, también resucitarán y viviran en el paraíso (en la ideología de los Testigos de Jehová) para así hacerse de otra oportunidad. 

Así que con mucho más razón el malhechor él cual SI CONOCIÓ a Cristo justamente en el momento de su sacrificio. 
Por eso Jesús le ASEGURA: 

“Te ASEGURO que estarás CONMIGO en el paraíso” 

El malhechor tuvo un bautismo de deseo y de sangre, por eso Jesús le hace promesa de tal magnitud, y por lógica sólo el Espíritu Santo fue el que movió al malechor a reconocer a Jesús (recordemos que en el bautismo es recibido el Espíritu Santo). 

Algunos pueden preguntarse por qué fue utilizado el término bautismo de sangre. Creo que la razón del uso del término “bautismo de sangre” por los Padres de la Iglesia era porque nuestro Señor describe su Pasión como un bautismo en Marcos 10, 38-39. 

Marcos 10, 38-39: “Jesús les respondió: ¡No sabéis lo que pedís! ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber o ser bautizados con el bautismo con que yo he de ser bautizado? Le contestaron: Sí que podemos. Les dijo Jesús: El cáliz que yo he de beber, lo beberéis, y con el bautismo con que yo he de ser bautizado, seréis bautizados vosotros”. 

Pero expliquemos a detalle que es el bautismo de deseó y de sangre para un mejor entendimiento. 

El Bautismo de deseo 

El Bautismo de deseo es el anhelo explícito (por ejemplo., catecúmeno) o implícito (por ejemplo., pagano o infiel) de recibir el Bautismo, deseo que debe ir unido a la contrición perfecta. 

En aquellos casos extraordinarios en los que resulta imposible recibir el Bautismo de agua, la misericordia divina ha dispuesto dos remedios: el voto del Bautismo y el martirio que, por semejanza en los efectos con el Bautismo de agua, se llama también Bautismo: de deseo y de sangre, respectivamente. 

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña al respecto que a los catecúmenos (recién convertidos) que mueren antes de su Bautismo, el deseo explícito de recibir el Bautismo, unido al arrepentimiento de sus pecados y a la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el sacramento (CIC, num. 1259). (Nota - cuando citemos el Catecismo de la Iglesia Católica lo haremos con sus siglas "CIC") 

Para aquel que ha conocido la revelación cristiana, el deseo de recibirlo ha de ser explícito. Por el contrario, para el que no tenga ninguna noticia del sacramento basta el deseo implícito. De esta forma, la misericordia infinita de Dios ha puesto la salvación eterna al alcance real de todos los hombres. 

Es, pues, conforme al dogma, creer que los no cristianos que de buena fe invocan a Dios, están arrepentidos de sus pecados, tienen el deseo de hacer todo lo necesario para salvarse (cumplen la ley natural e ignoran inculpablemente a la verdadera Iglesia), quedan justificados por el Bautismo de deseo. 

En el supuesto de que una persona que hubiere “recibido” este Bautismo de deseo, más tarde tuviera la opción de recibir el Bautismo sacramental, se debería realizar el ritual completo del Bautismo. 

El Bautismo de deseo, además, no siempre perdona todos los pecados veniales ni la pena temporal. Tal como nos dice Santo Tomás: 

“La remisión de los pecados de algunos se conseguía antes del Bautismo según se tenía el Bautismo de deseo, sea explícito o implícito; y sin embargo cuando se recibía realmente el Bautismo, se producía la remisión plena en cuanto a la liberación de toda la pena”. 

Finalmente, para que el Bautismo de deseo justifique se requiere necesariamente la caridad perfecta, es decir, la contrición, aunque, como es natural, no se requiera en sumo grado. En el martirio es suficiente la atrición. 

El Papa Inocencio III (1198-1216) asevera con relación al Bautismo de deseo, también llamado “flaminis”, de caridad o de deseo: 

“Nos has comunicado que cierto judío, puesto en el artículo de la muerte, como se hallara solo entre judíos, se inmergió a sí mismo en el agua diciendo: ‘Yo me bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’. Respondemos que teniendo que haber diferencia entre el bautizante y el bautizado, como evidentemente se colige de las palabras del Señor: Id, bautizad a todas las naciones en el nombre etc. (Mt 28:19), el judío en cuestión tiene que ser bautizado de nuevo por otro, para mostrar que uno es el bautizado y otro el que bautiza… Aunque si hubiera muerto inmediatamente, hubiera volado al instante a la patria celeste por la fe en el sacramento, aunque no por el sacramento de la fe” (DS 788). 

La Iglesia, además, se pronunció sobre el asunto del significado del dogma fuera de la Iglesia no hay salvación y del Bautismo de deseo con la excomunión realizada por el Papa Pio XII en 1953 y el decreto del Santo Oficio del 8 de agosto de 1949 dice: 

“Ahora bien, entre las cosas que la Iglesia siempre ha predicado y nunca dejará de predicar, está contenida la declaración infalible por la cual nos enseña que no hay salvación fuera de la Iglesia. Sin embargo, este dogma debe ser entendido en ese sentido en el que la Iglesia misma lo entiende. Porque no fue a los juicios privados que nuestro Salvador dio una explicación a aquellas cosas que están contenidas en el depósito de la fe, sino a la autoridad magisterial de la Iglesia. (…) Por lo tanto, que uno puede obtener la salvación eterna, que no siempre es necesario que se le incorpore a la Iglesia en realidad como miembro, pero es necesario que por lo menos esté unido a Ella por el deseo y el anhelo. Sin embargo, este deseo no siempre tiene que ser explícito, como es en los catecúmenos, puesto que, si una persona está en la ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, así llamado porque está incluido en esa disposición buena del alma, por la cual una persona desea que su voluntad sea conforme a la voluntad de Dios. Estas cosas fueron claramente enseñadas en la carta dogmática emitida por el Sumo Pontífice, el Papa Pío XII, el 29 de junio de 1943, en Mystici Corporis. En esta carta, el Soberano Pontífice distingue claramente entre los que están incorporados en la Iglesia como miembros, y los que están unidos a la Iglesia sólo por el deseo. (…) Con estas sabias palabras que reprueba tanto a los que excluyen de la salvación eterna a todos los que están unidos a la Iglesia sólo por el deseo implícito, y los que falsamente afirman que los hombres pueden salvarse igualmente en todas las religiones”. 

El Bautismo de sangre 

El Bautismo de sangre es el martirio de una persona que no ha recibido el Bautismo; es decir, el soportar pacientemente la muerte violenta por haber confesado la fe cristiana o practicado la virtud cristiana. 

Jesús mismo dio testimonio de la virtud justificativa del martirio: “A todo aquel que me confesare delante de los hombres yo también le confesaré‚ delante de mi Padre que está en los cielos” (Mt 10:32); “El que perdiere su vida por amor mío, la encontrará” (Mt 10:39). 

Tal como afirman los Santos Padres, el martirio tiene fuerza para perdonar toda la culpa y toda pena, tanto en los adultos como en los niños; invocando para ello el privilegio que Cristo concedió al martirio de producir el mismo efecto de justificación que produce el Bautismo. 

La Iglesia venera como mártir a Santa Emerenciana, que antes de ser bautizada fue martirizada sobre el sepulcro de su amiga Santa Inés, en donde se encontraba haciendo oración. 

De Valentiniano II, que fue asesinado mientras se dirigía a Milán para recibir el Bautismo, San Anselmo afirmó: “Su deseo lo ha purificado”. 

Conforme al testimonio de la Tradición y la liturgia (por ejemplo, la festividad de los Santos Inocentes), también los niños que no han llegado al uso de razón pueden recibir el Bautismo de sangre. 

Y el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: 

“Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento” (CIC, num. 1258). 

Tanto el Bautismo de deseo como el de sangre justifican, pues ambos incluyen de algún modo la caridad perfecta, que sabemos justifica. Ahora bien, ni el Bautismo de deseo ni el de sangre producen, sin embargo, todos los efectos que se derivan del Bautismo de agua. Son efectos comunes a los dos: el perdón de los pecados mortales, la infusión de la gracia, la filiación divina con el derecho a la vida eterna. 

En cambio, ni el Bautismo de deseo ni el martirio, imprimen carácter, ni hacen al que lo recibe miembro de la Iglesia. De aquí que, si más tarde hubiera posibilidad de recibir el Bautismo de agua, existiría la obligación de recibirle, y mientras no se reciba, tampoco se le pueden administrar los demás sacramentos. 

(Ahora veamos sólo algunos documentos de la Iglesia Católica así como Padres de la Iglesia). 

Probado a partir de las enseñanzas papales, del Concilio de Trento, el Código de Derecho Canónico de 1917, el Martirologio romano, los Padres, Doctores y teólogos de la Iglesia.
Últimamente, su Excelencia ha estado esclareciendo la enseñanza eclesiástica acerca de la necesidad del bautismo. Como veremos en las siguientes citas, para salvarse es necesario pertenecer a la Iglesia católica, al menos por deseo. También es necesario acordarse de que, sin la fe y la caridad sobrenatural, la salvación es imposible, tanto si se ha recibido el sacramento del bautismo como si no. Al adulto que busca conocer y hacer la voluntad de Dios se le da la gracia suficiente para que obre lo necesario y obtenga la salvación. 

1. CONCILIO DE TRENTO 1545-1563
Cánones sobre los sacramentos en general (canon n.º 4): 

«Si alguno dijere que los sacramentos de la nueva ley no son necesarios, sino superfluos para salvarse; y aun cuando no todos sean necesarios a cada particular, asimismo dijere que los hombres sin ellos, o sin el deseo de ellos (sine eis aut eorum voto), alcanzan de Dios, por la sola fe, la gracia de la ustificación; sea excomulgado». 

Decreto sobre la justificación (session 6ª, capítulo 4º): 

«En esas palabras se describe la justificación del pecador: de suerte que es tránsito de aquel estado en que el hombre nace hijo del primer Adán, al estado de gracia y adopción de los hijos (Ro. 8:15) de Dios por el segundo Adán, Jesucristo nuestro Salvador; y esta traslación no se puede lograr, después de promulgado el Evangelio, sin el bautismo o sin el deseo de él (sine lavacro regenerationis aut eius voto); según está escrito: El que no naciere de agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5)». 

2. SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO
Teología moral (libro 6º): 

«Mas el bautismo del deseo es una conversion perfecta a Dios por contrición, o por amor a Él sobre todas las cosas, con deseo explícito o implícito del verdadero bautismo de agua, del cual toma su lugar en cuanto a la remisión de la culpa, pero no en cuanto a la impresión del carácter [bautismal] o a la supresión de toda deuda debida al castigo. Se llama de “viento” [flaminis] porque toma lugar bajo el impulso del Espíritu Santo, a quien se el da este nombre [flamen]. Ahora bien, es de fide que los hombres se salvan también por el bautismo del deseo, por virtud del canon Apostolicam De Presbytero Non Baptizato y del Concilio de Trento, sesión 6ª, capítulo 4º, donde está dicho que nadie puede salvarse “sin el bautismo o su deseo”». 

3. CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO DE 1917
Sobre el entierro eclesiástico (canon 1239.2): 

«Los catecúmenos que sin culpa propia mueren sin el bautismo, han de ser tratados como los bautizados». 

The Sacred Canons por los Rev. PP. John A. Abbo. St.T.L., J.C.D., y Jerome D. Hannan, A.M., LL.B., S.T.D., J.C.D. 

Comentario al Código: 

«La razón de esta regla estriba en que justamente se cree que ellos encontraron la muerte unidos a Cristo por el bautismo del deseo». 

4. INOCENCIO III (1198-1216)
Apostolicam: 

«A vuestra pregunta respondemos de la siguiente manera: Afirmamos sin vacilación alguna (basados en la autoridad de los santos padres Agustín y Ambrosio) que el sacerdote de quien decís (en vuestra carta) murió sin el agua del bautismo, por haber perseverado en la fe de la Santa Madre Iglesia y en la confesión del nombre de Cristo, fue liberado del pecado original y obtuvo la dicha de la patria celestial. Leed (hermano) en el octavo libro de la obra La Ciudad de Dios de san Agustín donde, entre otras cosas, escribe que “el bautismo es administrado invisiblemente a quien ha sido excluido no por el desprecio a la religión, sino por la muerte”. Leed también otra vez el libro del bienaventurado Ambrosio en lo concerniente a la muerte de Valentiniano, donde lo mismo dice. Por lo tanto, en las cuestiones que atañen a los muertos, debéis sostener las opiniones de los doctos Padres, y en vuestra iglesia habéis de uniros en oración y de hacer que se ofrezcan sacrificios a Dios por el sacerdote mencionado» (Denzinger 388). 

Debitum pastoralis officii, agosto 28 de1206: 

«Vos habéis, efectivamente, insinuado que un cierto judío, por haber vivido únicamente entre judíos, en la hora de la muerte se sumergió en agua diciendo: “Me bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”. 

«Respondemos que, como debe haber una distinción entre el bautizante y el bautizado, como se deduce de las palabras del Señor, cuando dice a los Apóstoles: “Id y bautizad a todas las naciones en el nombre, etc.” (cf. Mt. 28:19), el dicho judío debe ser bautizado nuevamente por otro, de tal manera que pueda mostrarse que el bautizado es uno y el que bautiza es otro... Sin embargo, si el susodicho hubiera muerto inmediatamente, hubiera al instante volado a su hogar celestial por virtud de la fe en el sacramento, aunque no por el sacramento de la fe» (Denzinger 413). 

5. SAN PÍO V (1566-1572)
Ex omnibus afflictionibus, 1º de octubre de 1567: 

Condenó las siguientes proposiciones erróneas de Miguel du Bay: 

o La sincera y perfecta caridad, nacida «de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida» (I Ti. 1:5), puede hallarse en los catecúmenos así como en los penitentes que no han obtenido la remisión de los pecados. 

o La caridad, que es la plenitud de la ley, no siempre va ligada a la remisión de los pecados. 

o Antes de obtener la remisión de los pecados, un catecúmeno puede vivir justamente, recta y santamente, y puede observar los mandamientos de Dios y cumplir la ley por la caridad, que sólo se recibe en el bautismo. 

6. SAN AMBROSIO 

«Os oigo expresar pena porque [Valentiniano] no recibió el sacramento del bautismo. Decídme, ¿qué más hay en nosotros excepto voluntad y súplica? Mas él por largo tiempo deseó ser iniciado... y expresó su intención de ser bautizado... Sin duda lo recibió porque lo pidió». 

7. SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios. 

«No vacilo en colocar al catecúmeno católico, que arde en el amor a Dios, antes que el hereje bautizado... El centurión Cornelio, antes de su bautismo, fue mejor que Simón [Mago], quien había sido bautizado. Pues, Cornelio, aún antes del bautismo estaba lleno del Espíritu Santo; mientras que Simón, después del bautismo, estaba inchado de un espíritu inmundo» (De Bapt.C. Donat., IV, 21). 

8. SANTO TOMÁS DE AQUINO
Summa, Artículo 1º, Parte III, Q. 68: 

«Respondo que, el sacramento del Bautismo puede faltarle a alguien de dos maneras. Primero, tanto en la realidad como en el deseo; tal es el caso, de los que no están bautizados ni quieren ser bautizados: lo cual claramente indica desprecio por el sacramento, y esto en cuanto tienen uso del libre albedrío. Consecuentemente, a quienes de esta manera les falta el bautismo no pueden alcanzar la salvación: pues ni sacramental ni mentalmente están incorporados en Cristo, el único medio por el cual puede obtenerse la salvación. 

«En segundo lugar, el sacramento del bautismo puede faltarle a alguien en la realidad, pero no en el deseo: por ejemplo, cuando un hombre desea ser bautizado, y por algún infortunio es interceptado por la muerte antes de recibir el bautismo. Éste puede alcanzar la salvación sin haber sido bautizado en la realidad en virtud de su deseo: efecto de la fe que obra por la caridad, y por el cual Dios, cuyo poder aún no está atado a los sacramentos visibles, santifica al hombre internamente. De ahí que Ambrosio diga de Valentiniano, quien murió siendo aún catecúmeno: “Perdí al que iba a regenerar: más él no perdió las gracias por las que oró”». 

9. SAN ROBERTO BELARMINO
Liber II, Caput XXX: 

«Boni Catechumeni sunt de Ecclesia, interna unione tantum, non autem externa» (Los buenos catecúmenos son de la Iglesia, aunque por unión interna solamente y no por unión externa). 

10. SAN CIRILO DE JERUSALÉN, 350 d.C.
Jurgens, The Faith of the Early Fathers, vol. 1: 811. 

“Si alguno no recibe el bautismo, no obtiene la salvación. Sólo se exceptúan los mártires…” 

11. SAN FULGENCIO, 523
Jurgens, The Faith of the Early Fathers, vol. 3: 2269. 

“A partir del momento en que nuestro Salvador dijo: ‘Si alguno no renace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos’, nadie puede [salvarse], sin el sacramento del bautismo, con excepción de aquellos que, en la Iglesia católica, sin el bautismo derraman su sangre por Cristo…” 

12. SAN JUAN CRISÓSTOMO, El Panegírico de San Luciano, siglo 4 d.C. 

“No se sorprendan que yo llame a un martirio como un bautismo, porque aquí también el Espíritu viene a toda prisa y hay una remisión de los pecados y una limpieza maravillosa y admirable del alma, y así como los que son bautizados se lavan en agua, así también los que son martirizados se lavan en su propia sangre” 

13. MARTIROLOGIO ROMANO 

Enero 23: en Roma, santa Emerenciana, virgen y mártir, fue apedreada por los paganos siendo todavía catecúmena al encontrarse orando en la tumba de santa Inés, de quien era hermanastra. 

Abril 12: en Braga, Portugal, San Víctor, mártir, rehusó adorar un ídolo cuando todavía era catecúmeno, y confesó a Cristo Jesús con gran constancia; así, después de muchos tormentos y de ser decapitado,mereció ser bautizado en su propia sangre. 

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